A medida que las personas envejecen sufren alteraciones en su fisiología y cambios
en su comportamiento natural que conllevan una merma en su capacidad para
alimentarse correctamente. Por ello, es en estas edades cuando pueden surgir
deficiencias alimentarías en la salud del individuo.
Las residencias para ancianos no están exentas de estos problemas, pese a los
esfuerzos que el personal sanitario realiza para evitarlos.
Las residencias de ancianos acogen a una población numerosa y heterogénea con
necesidades muy dispares. De hecho, el tres por ciento de los ancianos españoles
vive en instituciones, aunque la lista de espera para conseguirlo supera ya las
80.000 personas.
Los expertos recomiendan que las pautas dietéticas para una correcta nutrición entre los
ancianos se realicen mediante las raciones y los alimentos a los que estaban
acostumbrados en el hogar, además de adaptar los menús a sus
necesidades. De este modo, el anciano no rompe con la familiaridad de las comidas y
el cambio no resulta tan traumático.